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Antonio Tabucchi

Ahí está Tabucchi, en el tranvía y pateando las calles tan reales como ficticias, sabedor de que las las historias son siempre más grandes que nosotros.

(Nos ocurrieron y nosotros fuimos inconscientemente sus protagonistas, pero el verdadero protagonista de la historia que hemos vivido no somos nosotros, es la historia que hemos vivido.) 

Historias que seguimos viviendo en sus libros y de las que el propio Tabucchi sabía que, aunque no pronunciaran ninguna palabra en contra de los ideales del Estado, podrían ser llevadas al banquillo de los imputados. De ahí su empeño en desberlusconizar Italia y el mundo entero. Y su objetivo: acabar con el proceso contra la ficción y contra la humanidad que lleva a cabo el imperio de todos los Berlusconi en la tierra. 

Elisa Rodríguez Court, fragmento de “Antonio Tabucchi, enamorado del aire”

Rodríguez Court, Elisa. Antonio Tabucchi, enamorado del aire. En: Trayectos ciegos.

Jardín de estatuas sin ojos

Por: Alejandra Moglia

Jardín de estatuas sin ojos es el blog de la escritora  y columnista española Elisa Rodríguez Court. A través de este espacio los lectores realizamos un recorrido literario por la escritura de la autora y también, de otros escritores entre los que se incluye Enrique Vila-Matas, y en donde se destaca, no sólo como una gran narradora sino también como una lectora activa y profunda.

Así comienza la primer entrada del blog:

Lord Philip Chandos ha perdido por completo la capacidad de pensar y hablar coherentemente sobre alguna cosa. Ya no le sirve la palabra como herramienta para emitir un juicio sobre cualquier asunto. Dice que las palabras se le deshacen en la boca como setas mohosas y se siente incapaz de aprehender las cosas, las personas y sus actos con la mirada simplificadora de la costumbre. Nada se deja abarcar con conceptos.
Hace un esfuerzo por liberarse de su estado evitando los peligros de vuelos metafóricos, inalcanzables como gaviotas en lo alto del cielo. Quiere curarse con la presunta armonía de conceptos limitados y ordenados, pero tampoco llega a ellos. Se le escurren entre sus dedos.
Huérfano entre las palabras, se ve a sí mismo como alguien que estuviese encerrado en un jardín lleno de estatuas sin ojos. Desea huir al espacio abierto.
Es el narrador y protagonista del libro del escritor vienés Hugo von Hofmannsthal que lleva el título:Carta de lord Chandos. La misiva es una respuesta a una carta de su amigo Francis Bacon, hombre ilustre implicado en el gobierno y la cultura. En ella se disculpa por su abandono de la actividad literaria.

Elisa Rodríguez Court, En un jardín lleno de estatuas sin ojos

La autora nació en Las Palmas de Gran Canaria, y es licenciada en Filosofía y profesora de alemán.

Desde hace años ha venido colaborando en diversos medios de comunicación como los periódicos locales La Gaceta de CanariasCanarias 7La Provincia yDiario de Las Palmas. También ha tenido participación en la radio a través de un programa emitido por la Cadena Ser.

Ha participado como columnista en la Revista Anarda y en la Web realiza colaboraciones sobre arte y literatura en Anika Entre Libros y en el portalNoche y Día Gran Canaria a través de su columna El Quinqué.

Además, presentó numerosas ponencias y artículos en congresos, conferencias, y también, en la Web, y es una de las administradoras del grupo constituido en la red social Facebook Enrique Vila-Matas. Leyendo a Enrique Vila-Matas.

En 2003 obtuvo el accésit y al año siguiente recibió el Primer Premio del Instituto de la Mujer a la Mejor Labor Informativa de Canarias.

Sus relatos se han incluido en antologías como Arte y Género, publicado en 2005 por Hamalgama, Rojo y negro. 17 relatos criminales bajo la edición de Anroart en 2007, y el año pasado se publicó su cuento “Como si yo pudiera no verme” en el libro Doble o nada, de Huerga y Fierro Editores, y que ha contado con el prólogo de Enrique Vila-Matas.

Elisa Rodríguez Court es una escritora que a través de su trabajo y publicaciones demuestra tener no sólo un profundo y cabal compromiso con la literatura sino también con la sociedad.

El arte de no terminar nada: saltar al abismo para alcanzar desde allí las estrellas, por Elisa Rodríguez Court

Pienso en El viajero más lento. El arte de no terminar nada, libro de Enrique Vila-Matas, y me viene a la mente un caminante con sombrero y ligero de equipaje avanzando hacia delante. Un viajero entregado a un peregrinaje en línea recta hacia un punto imposible del infinito. Y no me parece extraño que me asalte tal imagen. Representa, en última instancia, ese viaje rectilíneo propio de la escritura de Vila-Matas que nos acerca siempre a nuevos abismos. Esta odisea sin retorno y sin meta es también una de las marcas importantes de El viajero más lento,un libro que reúne un conjunto de textos literarios selectos que, como se dice en la contraportada, configuraron el paisaje narrativo posterior de Vila-Matas. Incluye, además, dos magistrales piezas inéditas que profundizan aún más en las claves de su obra. Es precisamente lo que se dice en estos dos nuevos textos lo que nos lleva a los lectores a considerar la plena vigencia de los antiguos textos. Porque, de igual modo que, como se lee en El viajero más lento, no hay buenos libros totalmente acabados, tampoco los textos de Vila-Matas se quedan inactivos. Lejos de permanecer quietos, terminan saliendo disparados en distintas direcciones. De sus entrañas surgen entonces, nuevos textos y libros que siguen su propia trayectoria, como un niño que se desembaraza del útero materno para, con el tiempo, alzar su particular vuelo.
Solo las historias no bien contadas, escribe Vila-Matas, tienen final, son completas, pues nadie siente la tentación de volver a ellas. Es cuestión, por tanto, de desafiar todo cierre en las obras de ficción, dejarlas abiertas y desarrollar en ellas la idea de mundos posibles o paralelos. De este modo se subvierte la causalidad, desplegando una narración múltiple e infinitizada cuyo resultado son ficciones que se espejean y bifurcan incesantemente. De todo ello y más cuenta Enrique Vila-Matas en El arte de no terminar nada, texto en el que este escritor vuelve a mostrar su maestría de ensamblar citas de escritores que parecen nombrar su escritura. Es parte del arte de Vila-Matas: dándole voz a la escritura de otros autores de su familia literaria nos revela la suya propia. Irrepetible.
Los textos de El viajero más lento son ideas literarias en proceso. Se despliegan en un tapiz que, disparándose en todos los itinerarios posibles, acaban por volverse inagotables. No mueren, por consiguiente, una vez que han sido leídos. Por el contrario, empiezan justo a cobrar vida en ese instante en que los lectores activos vuelven a reinventarlos bajo la propia mirada. Guardan, así, relación con la visión de Vila-Matas sobre el libro no concluido como la obra perfecta de la que hablara Macedonio Fernández: la obra en realización, de modo que un libro será para el lector antes un lento venir viniendo que una llegada. Y finalmente, otros posibles libros de ese mismo libro.
El procedimiento de la escritura de Vila-Matas supone un desafío a eso que Marguerite Duras llama libros pudibundos, sin poso alguno, sin noche. También una manera de ir en contra de la corriente de escritores que, según Ricardo Piglia, se comportan como hombres de pocas palabras que se hacen tatuar frases. Escritores que llevan escrito en la piel todo lo que tienen que decir.
Vila-Matas es, por tanto, un experto en el arte de no terminar nada. En su obra parecen depurarse las puertas de la percepción que hacen ver las cosas a través de las estrechas rendijas de nuestras cavernas. Su literatura nos invita a lanzarnos al vacío para, como se dice en El viajero más lento, persuadirse de que eso podría quizá tener un sentido que incluso uno mismo ignorase. Es lo que parece hacer Vila-Matas cual águila que, como escribe Hugo von Hofmannsthal, no puede volar desde el llano y debe saltar al abismo para alcanzar desde allí las estrellas.

Elisa Rodríguez Court

En: Jardín de estatuas sin ojos