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Hoy sale Aire de Dylan, de Enrique Vila-Matas

Algunos entran muy tarde en el teatro de la vida, pero cuando lo hacen parece que entren sin brida y directos ya hasta el final de la obra. Ése fue mi caso. Y hoy puedo afirmarlo con toda seguridad. La representación empezó la mañana en la que mi mujer me entregó una carta que acababa de llegar de Suiza, una invitación a participar en un congreso literario sobre el fracaso.

Enrique Vila-Matas, Aire de Dylan

Hoy es la fecha de publicación de la nueva novela de Enrique Vila-Matas, Aire de Dylan, editada por Seix Barral.

Con motivo de su publicación el programa Hoy por Hoy, de la Cadena Ser (España) entrevistó al escritor.

Escuchar audio:



La editorial Teodolito tiene a cargo su publicación en Portugal. La traducción es de Miranda das Neves.

FUENTES

Aire de Dylan. En: Enrique Vila-Matas 

Enrique Vila-Matas. En Hoy por hoy, Cadena Ser, 13 de marzo de 2012

Enrique Vila-Matas: ‘Falta el derecho a contradecirse’. En: La Vanguardia, 24 de febrero de 2012

Los lectores le formulamos algunas preguntas a Enrique Vila-Matas

Desde hace un tiempo, un grupo de personas participamos del grupo  conformado en Facebook  Enrique Vila-Matas. Leyendo a Enrique Vila-Matas

A través de este grupo no sólo publicamos información sobre la obra de Enrique Vila-Matas sino que podemos interactuar entre nosotros y, también, con el propio escritor.

Una vez más  Vila-Matas nos brindó la oportunidad de comunicarnos, esta vez a través de la formulación de diez preguntas relacionadas con su escritura y su obra.

Antes de compartir las preguntas formuladas y sus respuestas, cabe recordar que a través de nuestro grupo los lectores participamos de:

LOS LECTORES VOLVEMOS A HABLAR CON ENRIQUE VILA-MATAS. 

TOMAMOS NUEVAMENTE LA PALABRA FORMULANDO DIEZ PREGUNTAS.

La iniciativa se ha llevado a cabo en nuestra página de lectores de facebook “Leyendo a Vila-Matas”.
Agradecemos a este escritor la oportunidad brindada.

1.- ¿Nos podría adelantar algo sobre su próxima novela “Aire de Dylan”?

Ahí va un breve resumen argumental: Vilnius Lancastre, joven Hamlet de Barcelona que tiene un cierto parecido con Bob Dylan y trabaja en un ambicioso proyecto de un Archivo general del fracaso, es miembro de una sociedad de imitadores de Oblomov (la sociedad Aire de Dylan) que hacen de la indolencia total una forma de arte. Por contra, el narrador es un prolífico escritor que, despues de haber entregado su vida a la productividad literaria, se arrepiente de todo lo escrito y se prepara para callar definitivamente, incluso en la vida real, pero no puede evitar ceder a la invitación de Vilnius y de su novia Debora que le encargan la redacción de las memorias apócrifas del padre de Vilnius, el famoso escritor Lancastre, muerto en circunstancias misteriosas. De fondo, la sombra lunática del Hollywood de los años dorados y de Scott Fitzgerald.

2.- Murakami en su libro 1Q84 cuenta que para Chéjov existía un lugar que quería visitar al menos una vez en la vida: Sajalin. ¿Tiene usted también en mente un destino que no quiere perderse, o algo que desee contemplar con sus propios ojos antes de morir, y cuál, o qué, es?

En los últimos cuatro años he descubierto dos ciudades que, por motivos muy diferentes, me han fascinado: Dublín y Turín. Funciono así: no busco sino que encuentro. Espero que aún me sea posible en el futuro encontrar ciudades -porque en mí se trata siempre de ciudades- que puedan sorprenderme. En cualquier caso, prefiero no mostrar ninguna ansiedad, ya llegarán esos descubrimientos -si llegan- cuando tengan que llegar. Le confesaré que si quisiera realmente ver algo “antes de morir” saldría esta misma mañana de casa hacia allí para verlo. Trataría de que estuviera cerca de dónde vivo; por ejemplo, saldría en busca del “aleph” que me han dicho que se oculta en los bajos de una casa de la calle Buenos Aires, aquí en Barcelona, muy cerca de la barbería de Harry Chong, el peluquero que asegura que en su juventud fue amigo de Murakami.

3.- Me gustaría conocer su opinión acerca de la literatura argentina…(no sobre Borges o alguno de los “monstruos” que tenemos aquí en Argentina… sino sobre los escritores más actuales, si es que conoce a alguno.

Ricardo Piglia, Rodrigo Fresán, César Aira, Alan Pauls, Marcelo Cohen y Vlady Kociancich son los autores argentinos actuales que más he leído y, además, a fondo. De toda la literatura hispanoamericana contemporanea (suponiendo que yo creyera que se pueda hablar de la literatura a través de pequeños compartimentos nacionales cuando en el mundo de hoy la literatura está dejando de tener fronteras), la argentina sería la más potente de estos momentos.

4.- Después del funeral de la literatura en Dublín, al que ella misma asistió de su mano, ¿ tendrá ella una oscura existencia de espectro o volverá a la vida renovada?

Aquel funeral fue una fiesta, y mostró, además, que la literatura se ha mantenido siempre viva gracias a su constante impulso de renovación.

5.- Después del leer sobre la espera en su libro “Perder teorías”, me tropecé con un verso de René Char que dice: ” La espera realizada de espera permanecida espera”. ¿Qué le sugiere a bote pronto?

En el mundo narrativo de Julien Gracq –autor que es centro neurálgico de Perder teorías- el tiempo se escande y alarga a través del sistema de sucesión de expectativas que, al verse interrumpidas por otras nuevas expectativas, dan paso a nuevos comienzos y nuevas esperas, y así hasta el final de cada uno de sus relatos, que suele coincidir –tal como se explica en Perder teorías- con el final de la primera expectativa y el comienzo de una nueva espera, que a su vez parece abrir nuevas expectativas. Gracq era alguien muy riguroso y exigente a la hora de nombrar contemporáneos que le parecieran de su propia familia literaria. Nombraba normalmente a Ernst Jünger y al poeta francés René Char y a poca gente más. No es extraño que la frase que usted me cita de Char remita a la idea de la espera como símbolo de una cierta inmovilidad (“la espera realizándose en el momento de la espera misma”, diría yo), y por ahí remita también al mundo de Gracq y a la eternidad del bosque, donde las esperas no parecen conocer la idea de que el tiempo transcurre, pasa.

6.- Cuanto hay de alter-ego en sus personajes…(es obvio que siempre hay desdoblamiento entre el personaje y el autor), pero me gustaría ahondar un poco más en el tema, como también en la empecinada acción de “salvar” a la literatura a punto de morir (¿?)

Todos sabemos que los narradores crean personajes. Pues bien, creo personajes (los diferentes narradores de mis historias, por ejemplo) que son variantes de mí mismo, sin ser jamás yo. Hasta las mujeres que invento se parecen a mí sin ser yo. En cuanto a “la empecinada acción de ‘salvar’ a la literatura”, es un tema para mí recurrente porque en lo que escribo hay un intento de informar colateralmente a lectores del futuro de las dificultades que atravesó el concepto de literatura a finales del siglo pasado y comienzos de éste. Como creo en renacimientos culturales, también creo que algún día llegará nuestra venganza y se mirará con espanto y se ridiculizará a los cómplices del gran circo de la literatura analfabeta que reina en nuestros días.

7.- Señor Vila-Matas ¿vive usted su vida constantemente como si usted mismo fuera un personaje literario, un personaje –shandy- que es un escritor dentro una obra que es escrita –en el papel o en la mente- por usted mismo? y ¿sería esto un obstáculo para vivir y para crear?

Me resulta atractiva esa imagen que se ha hecho usted de mi, viéndome vivir mi propia vida como el personaje de una novela. Pero no se corresponde en absoluto con la realidad. es más, pienso que si yo actuara así, resultaría alguien insoportable. Imáginese, yo diciéndome a mí mismo: ahora voy a vivir un episodio de mi novela…Si eso fuera así, esta respuesta que le doy también sería un episodio novelesco y usted un personaje que me habría enviado una pregunta para saber si yo escribía mentalmente mi vida y yo diciéndole que no, que me resulta atractiva esa imagen, pero que no me dedico a eso, sino sólo a tratar de comprender todo aquello que no comprendo, como, por ejemplo, el por qué los pieles rojas del Lejano Far West consideraban a los locos y a los idiotas criaturas inspiradas por Dios, y como tales les reservaban un lugar de honor en sus tribus…

8.- En la presentación de “Perder teorías”, en Lesseps, comentó que cuando estaba iniciándose en internet recibió un mail de Fidel Castro. Desde entonces me propuse que si Fidel había sido capaz de dar con su dirección de correo electrónico también yo lo haría, pero no. ¿Puede un escritor conocido conseguir la invisibilidad pynchoniana en este entorno digital sin caer alguna vez en la tentación de intervenir ante una crítica y escribir sin pestañear: ”Perdóneme. Soy el Dr. Ingravallo. Sé de lo que estoy hablando” ?

Bueno, he de precisar que ese mail de Castro llegó por el premio Rómulo Gallegos que dan en Venezuela y que me fue otorgado en 2001. Entiendo que el gobierno venezolano -que es quien da el premio- pasó el mail al gobierno cubano y éste me felicitó, firmando su comendante en jefe. Nada ducho entonces en materia de mails (era el tercero que recibía en toda mi vida), entendí literalmente que quien firmaba el mensaje -Fidel Castro- era quien me lo mandaba y me entregué a la causa de contestarle yo ‘también personalmente’.

En cuanto a leer críticas en internet y escribir al imbécil que la hizo, sólo en una ocasión me sentí tentado a responder, pero no lo hice.

En cuanto a la ‘invisibilidad pynchoniana’ soy tan invisible en la Red como usted, amigo.

9.- En Argentina, luego de la terrible crisis de 2001, la atroz dictadura militar, los años 90 de corrupción y saqueo económico y cultural, altísima desocupación, se inició un cambio de época a partir de 2003/ 2004, dándose prioridad a la política de derechos humanos, de justicia social y redistribución de la riqueza. Estamos viviendo un gran momento histórico (no sólo en Argentina sino en Latinoamérica). Muchas máscaras cayeron y otras se están derrumbando, los genocidas están en la cárcel y están siendo juzgados, estamos casi en pleno empleo, etc.. La literatura no escapó a este proceso y está viviendo, también, una época de rescate de escritores que fueron acallados y “especialmente” olvidados por décadas. Hoy en día no hay lugar para la tibieza y muchos intelectuales, escritores, artistas se definen política e ideológicamente con total claridad haciendo militancia. Otros sostienen que el compromiso se asume desde la obra, desde el arte, desde la creación. ¿Cuál es su opinión al respecto y especialmente en relación a la crisis que está viviendo España y Europa que no es sólo financiera? ¿Qué rol -y desde qué lugar- le cabe a la literatura y a los escritores en el proceso de salida de la crisis y recuperación de la dignidad?

Ser un escritor comprometido con la libertad y los derechos humanos no garantiza que uno tenga talento y sea un gran escritor. Cuando escribo, siento que tengo sólo el compromiso con mi propia obra, lo que no crea usted que sea poca cosa. Como ciudadano tengo mis opiniones políticas y en ocasiones las he manifestado claramente. Algo de ellas sospecho que se trasluce en el punto de vista, generalmente tan subjetivo, de mis narradores. Porque también hay una ética del punto de vista, una ética de la mirada. Algo en todo esto tengo muy claro: a la literatura le perjudica en el tiempo todo aquello que es coyuntural, que está ligado a la actualidad, a la larga el lector tropieza con las circunstancias. Quien mejor reflejó en Argentina el aire podrido de la dictadura militar fue Manuel Puig, que no parecía hablar directamente de la represión fascista. Es paradójico, pero para saber lo que ocurrió en esos años de Argentina sirve más Manuel Puig que cualquier de los pocos talentosos narradores que trataron de denunciar con sus relatos la represión. Yo creo que informa mejor Puig de aquel aire putrefacto que otros que literalmente trataron de describirlo. En el mismo orden de cosas, quisiera decirle que yo me alegro enormemente de los progresos en todos los aspectos que se están dando en América Latina. Hace tiempo ya que comencé a celebrar el gran porvenir que se ha abierto para unos países con los que –como he ido demostrando a lo largo de los múltiples viajes que he ido realizando a esas tierras a lo largo de mi vida- me unen lazos de afecto, de agradecimiento y de admiración.

10.- ¿Es usted Enrique Vila-Matas?

Faltaría más.

Diciembre, 2011

Fuente:

Enrique Vila-Matas.Leyendo a Vila-Matas, en Facebook.

El arte de no terminar nada: saltar al abismo para alcanzar desde allí las estrellas, por Elisa Rodríguez Court

Pienso en El viajero más lento. El arte de no terminar nada, libro de Enrique Vila-Matas, y me viene a la mente un caminante con sombrero y ligero de equipaje avanzando hacia delante. Un viajero entregado a un peregrinaje en línea recta hacia un punto imposible del infinito. Y no me parece extraño que me asalte tal imagen. Representa, en última instancia, ese viaje rectilíneo propio de la escritura de Vila-Matas que nos acerca siempre a nuevos abismos. Esta odisea sin retorno y sin meta es también una de las marcas importantes de El viajero más lento,un libro que reúne un conjunto de textos literarios selectos que, como se dice en la contraportada, configuraron el paisaje narrativo posterior de Vila-Matas. Incluye, además, dos magistrales piezas inéditas que profundizan aún más en las claves de su obra. Es precisamente lo que se dice en estos dos nuevos textos lo que nos lleva a los lectores a considerar la plena vigencia de los antiguos textos. Porque, de igual modo que, como se lee en El viajero más lento, no hay buenos libros totalmente acabados, tampoco los textos de Vila-Matas se quedan inactivos. Lejos de permanecer quietos, terminan saliendo disparados en distintas direcciones. De sus entrañas surgen entonces, nuevos textos y libros que siguen su propia trayectoria, como un niño que se desembaraza del útero materno para, con el tiempo, alzar su particular vuelo.
Solo las historias no bien contadas, escribe Vila-Matas, tienen final, son completas, pues nadie siente la tentación de volver a ellas. Es cuestión, por tanto, de desafiar todo cierre en las obras de ficción, dejarlas abiertas y desarrollar en ellas la idea de mundos posibles o paralelos. De este modo se subvierte la causalidad, desplegando una narración múltiple e infinitizada cuyo resultado son ficciones que se espejean y bifurcan incesantemente. De todo ello y más cuenta Enrique Vila-Matas en El arte de no terminar nada, texto en el que este escritor vuelve a mostrar su maestría de ensamblar citas de escritores que parecen nombrar su escritura. Es parte del arte de Vila-Matas: dándole voz a la escritura de otros autores de su familia literaria nos revela la suya propia. Irrepetible.
Los textos de El viajero más lento son ideas literarias en proceso. Se despliegan en un tapiz que, disparándose en todos los itinerarios posibles, acaban por volverse inagotables. No mueren, por consiguiente, una vez que han sido leídos. Por el contrario, empiezan justo a cobrar vida en ese instante en que los lectores activos vuelven a reinventarlos bajo la propia mirada. Guardan, así, relación con la visión de Vila-Matas sobre el libro no concluido como la obra perfecta de la que hablara Macedonio Fernández: la obra en realización, de modo que un libro será para el lector antes un lento venir viniendo que una llegada. Y finalmente, otros posibles libros de ese mismo libro.
El procedimiento de la escritura de Vila-Matas supone un desafío a eso que Marguerite Duras llama libros pudibundos, sin poso alguno, sin noche. También una manera de ir en contra de la corriente de escritores que, según Ricardo Piglia, se comportan como hombres de pocas palabras que se hacen tatuar frases. Escritores que llevan escrito en la piel todo lo que tienen que decir.
Vila-Matas es, por tanto, un experto en el arte de no terminar nada. En su obra parecen depurarse las puertas de la percepción que hacen ver las cosas a través de las estrechas rendijas de nuestras cavernas. Su literatura nos invita a lanzarnos al vacío para, como se dice en El viajero más lento, persuadirse de que eso podría quizá tener un sentido que incluso uno mismo ignorase. Es lo que parece hacer Vila-Matas cual águila que, como escribe Hugo von Hofmannsthal, no puede volar desde el llano y debe saltar al abismo para alcanzar desde allí las estrellas.

Elisa Rodríguez Court

En: Jardín de estatuas sin ojos